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“Toda esa sangre que los hermanos derramaron en 1932, esa sangre no ha quedado perdida, esa sangre quedó en cada persona que hoy vivimos en nuestra madre tierra porque muchas personas quedaron embarazadas y esos niños nacieron con esa gota de sangre indígena” recuerda Florentina Pérez, originaria de Nahuizalco durante la conmemoración de los 80 años del levantamiento indígena y campesino en la zona occidental de El Salvador.
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